
Básicamente, se trata de rodajas de patatas cocidas en agua, puestas en una fuente para gratinar con una mezcla de cebolla, manteca de cerdo y vino blanco seco, de Saboya a ser posible, cocinado por separado, el conjunto se cubre con nata fresca y se cubre con medios globos antes de ponerlo a gratinar.
Una pura delicia invernal.

Todo esto para decirles que podemos, con una cierta mirada, definir lo que los cocineros/pasteleros llaman los marcadores de una receta, es decir los 2, 3 o 4 o más, sabores indispensables para merecer el nombre de la receta original, aunque sea completamente revisada.
Volvamos a nuestra tartiflette, sus marcadores son: Patata, cebolla, lardon, Reblochon (¿o incluso nata?)
Un ejemplo dulce, la Selva negra: Chocolate, nata, cereza, kirsch
Tarte tatin: manzanas, caramelo, acidulado
Carbonnade: Ternera, cerveza
Bœuf bourguignon: Ternera, vino tinto, zanahorias

etc. etc.
Puede ver que a veces es bastante sencillo de determinar, a veces un poco más delicado (¿el cassoulet?), pero le permite apuntar a una receta que quiere volver a visitar conservando sus sabores y, por tanto, su espíritu, y al mismo tiempo permitirse una o varias libertades cambiando 1 o 2 marcadores. Digo 1 o 2, porque más allá de eso te arriesgas a hacer algo completamente diferente, que tampoco es dramático, pero probablemente no merecerá el nombre original.
En resumen: los marcadores de una receta, es decir, sus sabores básicos esenciales que la caracterizan, permiten saber si, al revisarla o adaptarla, se mantiene el espíritu de la misma, o si se hace algo muy diferente, que puede no encajar con el nombre original. Pero a quién le importa si te gusta...









