Cuécelos en una cacerola grande con agua hirviendo y sal.
Para comprobar si están en su punto, introduce un cuchillo pequeño en un espárrago; el cuchillo debe entrar fácilmente.
Tenga en cuenta que, a diferencia de
los espárragos blancos, los espárragos verdes no tienen que estar blandos, sino lo suficientemente firmes para adaptarse a su gusto.